El valor de las relaciones intergeneracionales en la construcción de habilidades sociales

¿Qué edad tiene tu mejor amigo? Al responder esta sencilla pregunta es muy probable que tu respuesta sea que casi la misma que tú. Quizá haya unos cinco-diez años de diferencia, pero es muy posible que haya menos. Los espacios en los que hacemos nuestras amistades (por ejemplo, la escuela) nos limitan un poco en ese sentido.

Además, hay un prejuicio social que nos frena al momento de hacer amistades con personas que tienen 10, 20 o 30 años más o menos que nosotros. Como si no hubiera puntos en común, como si existieran lazos que pudieran unirnos con personas de generaciones diferentes y la edad fuera una barrera absolutamente infranqueable.

No es una buena idea caer en prejuicios e ideas prefabricadas que podemos heredar de nuestro entorno social. Tal y como es posible poder hacer amistades con personas de otro país con las que quizá ni siquiera hablamos el mismo idioma, es posible aprender, divertirnos y crear relaciones amables y amistosas con personas de las que nos separan muchos años de edad. Es eso a lo que hace referencia el concepto de relaciones intergeneracionales. El mismo es un disparador de ideas sobre el beneficio en cuanto al desarrollo de habilidades sociales y empatía que pueden generar en personas de diversos grupos de edad.

Tejiendo hilos entre generaciones

El primer paso para cimentar relaciones intergeneracionales sólidas y constructivas se da sin duda alguna en casa. Si los padres tienen una relación saludable y de respeto mutuo con sus hijos, es mucho más factible que éstos crezcan con el aprendizaje de que las personas de otra edad no son alienígenas: son personas igual que ellos. Construir una relación con los abuelos puede resultar muy interesante también: una que nazca del respeto y la comprensión del otro. Ya sea que los pequeños visiten a sus abuelos que viven lejos o en una residencia para ancianos, o que pasen vacaciones con ellos, fines de semana, momentos privilegiados y sobre todo, en un ambiente de equidad.

Tanto si los abuelos ya están en condiciones de dependencia, como si están en plenitud física, los niños deberán entender que tienen otra experiencia de vida y otro punto de vista, y que éste no es ni mejor ni peor que el de sus padres o el suyo propio: sencillamente es diferente. Que los pequeños puedan leer con sus abuelos, visitar un museo, pasear, ir a una feria, a un mercadillo, o simplemente compartir un helado, son actividades que ayudarán a tejer hilos que posteriormente permitirán tanto a abuelos como a nietos ser más receptivos cuando la oportunidad se presente de establecer relaciones con otras personas de diferentes edades.

Apertura y desarrollo de habilidades sociales

¿Qué habilidad social más importante que ser capaces de reconocer nuestro propio valor y el de los demás? Construir una autoestima sólida no depende sólo de una reflexión introspectiva sino también de poder reconocer en el otro a alguien valioso pero diferente. Que puede aportarnos algo desde su punto de vista que si bien difiere del nuestro, bien puede facilitarnos un panorama distinto de nuestros problemas y preguntas vitales.

El relacionarnos con personas de muy distintas edades con las que compartamos pasatiempos, ideas, o simplemente que nos gusta sentarnos en el mismo del parque, puede abrir un poco nuestro hermetismo y mostrarnos otro punto de vista.

No es lo mismo limitarnos a ver las cosas desde el parámetro que nos otorga nuestra propia experiencia de vida, que extender nuestro campo de visión y analizarlo como lo haría un niño pequeño, un joven 20 años menor, o un anciano. Su experiencia, su empuje, su curiosidad, serán distintos. Y poder apreciar esta diferencia solidifica el propio valor que damos a nuestra opinión.

¿Tienes relaciones de amistad con personas con una gran diferencia de edad con la tuya? ¿Qué crees que puede aportar este tipo de relaciones a la construcción de tu opinión y tu autoestima?