10 Consejos para vivir slow, imprimiendo lentitud en ciertos momentos del día a día, disminuir la velocidad para disfrutar del aquí y el ahora. En busca de pequeños gestos, casi balsámicos, para sentirnos bien.

Para todos los que creemos que últimamente, y cada vez más, el ritmo que llevamos es una auténtica locura y que esta vorágine nos hace sentirnos en constante insatisfacción. Para los que cuando programamos las tareas de la semana, si detectamos un hueco, nos invade cierta ansiedad, y nuestra mente busca de manera compulsiva como rellenarlo con alguna tarea, alguna gestión que parece de vital importancia.

Para hacerle pequeños pulsos a las constantes exigencias de la vida actual y al exceso de rapidez que en nuestra cotidianidad nos lleva a tener desasosiego y stress.

Vamos a jugar a desacelerar, a romper la tiranía de las prisas, buscando ejercicios lentos, al menos para ciertas cosas o ciertos momentos del día, sin tener que esperar exclusivamente a la época estival o a estar de vacaciones para darnos el permiso de vivir relajados.

10 oasis mentales para que nuestro cuerpo y nuestra psique respiren, se oxigenen y se relajen.

1. Contemplemos: Sentémonos en un parque simplemente porque sí, contemplando, mirando, cotilleando todo lo que pasa a nuestro alrededor, prestando atención a cada detalle. Tomémonos un rato para ello, puede que solo se trate de 20 minutos, no es tanto, no ha de ser todos los días, pero vayamos incorporándolo al menos el fin de semana. ¿Podéis recordar, si alguna vez habéis jugado con una mariquita o una hormiga recorriendo vuestros dedos de la mano, como se ralentizaba el tiempo? Esa sensación de que pase el tiempo simplemente.

2. Evadámonos: Hagamos un puzle, o pintemos y coloreemos cualquier dibujo, hagamos una manualidad con papel, o plastilina… ¿Recordáis el olor de la plastilina? Giremos una peonza, sencillamente, y miremos como gira, como cuando éramos pequeños. Seguro que tenéis en mente algún juguete con el que os apetecería reencontraros.

3. Cocinemos: Elaboremos un plato tradicional, casero como los de nuestras abuelas y madres. Disfrutando desde el ir al mercado a adquirir los ingredientes, lo más naturales posibles. Del ambiente, del entorno. Luego cocinemos sin prisa, aceptemos el tiempo de cocción para tenerlo en cuenta en el resultado final: casero, tradicional y delicioso.

4. Escribamos: El whatsapp, el facebook, los mails, dejémoslos por un rato y escribamos con pluma y al estilo de la caligrafía artística, deslizando el trazo despacio por el papel. Veréis que relajante es.

5. Aseémonos: Usemos una pastilla de jabón, evitando el típico dosificador para lavarnos las manos, disfrutando de tomarnos nuestro tiempo mientras notamos el tacto de la pastilla, ese tipo de espuma con un punto áspero tan característico. Pasemos nuestra colonia o perfume a un atomizador para perfume, con pera para pulverizar, al estilo de nuestras jóvenes abuelas, y así poder rociarnos con un gesto mucho más pausado.

6. Caminemos despacio: Demos un paseo con un bastón, paraguas, o cayado, para caminar más despacio. El hecho de apoyarnos, de tener ese gesto, hará que paso sea más lento más tranquilo.

7. Juguemos: Con y como niños, con la mente en blanco, libre de diálogos internos. Libres de por qué y para qué, solo jugar, dejándonos llevar por el niño, y dejando salir nuestro niño interior.

8. Atendamos: Cuando nos llamen por teléfono, cuando nos encontremos con alguien, escuchemos activamente con todos los sentidos puestos en la conversación, muchas veces se trata solo de unos pocos minutos de nuestro tiempo. Es tan habitual ir con prisas a todo, y a veces es simplemente un vicio, no hay tanta prisa a todas las horas del día.

9. Démonos permiso: Para no hacer absolutamente ¡nada!, busquemos un momento de quietud e inactividad. Qué sentido tiene hacer meditación, o Yoga, si en el trayecto a clase vamos como locos y al salir seguimos con el mismo ritmo acelerado.

10. Besémonos: Besémonos más lento, más despacio, saboreando y disfrutando al máximo, el sabor, el tacto, el olor. Tal y como dice el bolero “bésame, béseme mucho, como si fuera esta noche la última vez”.

¿Por qué no? A partir de ahora anotemos gestos, aquellas cosas, esos utensilios, que para nosotros son ideales para a hacer que el tiempo vaya más despacito y que nos hacen saborear más esta vida de ritmo vertiginoso.


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