IMPACIENCIAEXIGENCIA

Vivimos un tiempo en el que prácticamente todo lo que nos rodea es o ha de ser rápido, perfecto y casi sin esfuerzo.

Compramos arroz que se cuece en 2 minutos, esmalte de uñas que se seca en segundos, hay cientos de restaurantes en los que se engulle comida rápida. Nos prometen aprender inglés en 1 semana, y nos lo creemos dietas milagrosas para perder 8 kilos en 15 días.

¡Es demasiado!, todo deprisa, todo corriendo, todo rápido.

El problema es que este enloquecido ritmo nos está haciendo creer que hemos de seguirlo en todo y para todo. Hasta para las cosas más importantes de la vida.

Como el aprendizaje, los cambios vitales y el desarrollo personal.

Es bueno que sepamos y tener consciencia de que hay cosas que no pueden ir más deprisa. Que tampoco deben ir más aprisa.

Porque tienen su ritmo, su propio ritmo…
Y es que… ¿Te imaginas estirar una rosa para que crezca?
Necesitamos entender que todo tiene su tiempo de crecimiento y maduración, no hay atajos para las cosas bien hechas. La vida son procesos, y todas las fases de los procesos tienen su función.
Si quieres saltarte los pasos del proceso, entonces no es un proceso.

La función de los procesos de cambio y mejora personal es la conexión, con la vida, con uno  mismo, con sus aciertos, sus fracasos, en definitiva, su aprendizaje vital.

Esto en cuanto a las prisas, a la impaciencia, pero acompañando esta actuación, también solemos ser víctima de otro impulsor, el de la intolerancia a la dedicación, a la constancia y al esfuerzo.

Es decir, vivimos media vida sacándonos de encima tareas, acciones, gestiones que nos disgustan, que cuestan y no nos apetecen, como si la vida tuviera que ser sólo lo que nos gusta muchísimo, lo fácil.

¿Es eso posible? ¿Es posible vivir una vida ultra cómoda en todas las facetas de la vida? Yo pienso que no. Que la vida, el día a día, es un compendio de cosas que nos son súper gratas y otras que lo podrían ser más si las llevamos nosotros de otra manera.

Empezando por la aceptación de que comportan una parte de incomodidad.

Yo puedo hacer cualquier tarea que no me apetezca especialmente, como barrer el salón de mi casa siempre agobiada, con las prisas, a desgana, dando escobazos (cómo si eso evitara la tarea), o puedo hacerlo tranquila, conectada con lo que estoy haciendo, y sintiendo satisfacción. Puedo, ¡porque no!, pensar que estoy cuidando de mi hogar, cuidando mi entorno, me estoy ocupando de mí.

Otra intransigencia que se da en los procesos de cambio es la del error, la de equivocarse.

Porque no hay forma más útil de aprendizaje que la de equivocarse, que errar, que hacerlo mal, ya que eso significa que estás HACIÉNDOLO, EXPERIMENTÁNDOLO, y al comprobar varias formas de “hacerlo mal”, estás más cerca de saber cómo se hace bien.

Es vital replantearnos la vida que llevamos. El miedo a equivocarnos, a perder el tiempo, nos tiraniza, nos limita y nos paraliza.

En culturas como la de EE.UU. cuenta como alto valor que en tu C.V. conste que has llevado a cabo un proyecto, que has montado una empresa aunque está haya fracasado.

¿Y sabes por qué cuenta? Porque demuestra que lo has intentado, que has experimentado un montón de cosas que quien no lo ha hecho no puede ni contemplar.

Aquí no, en nuestra cultura parece que los fallos, los errores, el me he equivocado se ha de hacer desaparecer como si fuera un cadáver que empieza a oler mal. Igualmente la carga que acompaña.

Pocas cosas son tan liberadoras como manifestar abiertamente –me he equivocado, lo he probado, lo he intentado, y esta vez no ha salido como yo quería.

Y me llevo eso! experiencia de vida. Experiencia de vida no sólo es lo que sale bien, el éxito es también lo que aprendemos con lo que no sale a la primera.
En programación neurolingüística decimos, postulamos que:

El error es la semilla del éxito.

Así que cada vez que tu dialogo interno empiece a criticarte, a machacarte con –pareces tonto, qué mal! – etc. contradícelo con un –Bien, ahora sé que así no es –la próxima vez prestaré más atención –me he equivocado, ahora tengo más información y experiencia.

Aquí tienes la gran frase del inventor de la bombilla Thomas Alva Edison ante la pregunta de un periodista cuando le dijo: 

-¿Es cierto que antes de inventar la bombilla usted fracasó 1000 veces?

A lo que él respondió…

– No fracasé, sólo descubrí 999 formas de no hacer una bombilla.

Por lo tanto, y volviendo a la PNL y uno de sus principios o presuposiciones.
No hay fracaso, hay feedback (Información de cómo no has de hacer algo para alcanzar lo que quieres).
La impaciencia, la poca tolerancia a la frustración, el perfeccionismo, todos esos impulsores internos, a quiénes más dañan es a uno mismo y después a su entorno más cercano.

¿Impaciencia? Conoce 3 de las cosas más rápidas del mundo:

  1.  El animal terrestre más rápido del mundo; El Guepardo (115 Km/h)
  2.  El hombre más rápido del mundo; Usain Bolt (100 metros en 9´58 segundos)
  3. Por supuesto, la luz, 299.792,458 km/s. Puede dar 7,4 vueltas a la Tierra por segundo

Ahora dime, ¿estás tú en esa lista? 
Recuerda, eres alguien que aprende viviendo, experimentando, creciendo, madurando, equivocándose, acertando, escuchándose, poniendo cariño, estando despiert/o, conectada/o con sus deseos. VIVIENDO y sobre todo teniendo paciencia y ternura consigo misma/o y con los procesos de la vida.

Si quieres aprender sobre el mindfulness y cómo gestionar el estrés, esté sábado 25 de marzo imparto en Barcelona un taller de 3 horas para conocer varias técnicas de aplicación para vivir el aquí y el ahora de manera más presente, conectada/o y por supuesto feliz.

Curso de mindfulness: Curso de Mindfulness: Gestión del Estrés.